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1 Generalidades de Antomía (1)

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Consejo Mágico N °1 - Re cordá que l a clav e del éx ito es esfo rzarte 10 vec es y r azonar cien! !! Apagá la Tel e y la Co mpu!!!
1
Crecimiento y
Desarrollo
Guía de Anatomía
0341-153265294
Gen era li dade s so bre e l
sistema esquelético
El esqueleto está consti tuido po r un conjunto de huesos unido s entre sí. E n el ser vivo es f recuente su exp loració n clínica mediante radiografías o
palpació n de refer encias ósea s de inter és.
El esquele to del hombre es osteo cartilagino so. Du rante la vida f etal, el esqueleto ost eocart ilaginos o que se fo rma es reemplaz ado l uego po r hueso
de sustitución. E n el adu lto , el esqueleto cartila ginoso persiste e n fo rma limita da: cartíl agos co stales, articulares, tabiq ue nasal, etcéter a.
Los huesos son piezas d uras, re sistent es, que sirv en de so stén a lo s músculos que los rod ean. Pue den pr esentarse co mo:
- Elementos protectores: un conj unto de hue sos se c onectan entre sí y f orman c avidade s que aloj an sistema s y senti dos (c ráneo, ó rbitas, etc. ).
- Elementos articulares: en las articulacio nes móviles, los hueso s están unido s entre sí por c ápsulas, ligamentos y músculos. Estos último s forman
los ligamento s activo s y los c artíla gos partic ipan co mo piez as pasiva s.
ASPECTO GENERAL DEL ESQUELETO
En la reg ión media l el e squelet o está co nstituido (fig. 1-1) por la su perposic ión de una serie de pi ezas ósea s cuyo c onjunto forma la columna
vertebral, que se ha lla situa da en el eje longit udina l del cuer po y co nstituye el e je vertical del esqueleto. Su parte superio r sosti ene el cráneo . En su
extremo inf erior, las vért ebras s e suel dan y ade lgazan, form ando dos huesos: el sacro y el cóccix.
El conjunt o craneover tebral o esquele to axia l presenta en su int erio r una cav idad donde se aloja el sist ema nervio so centra l, co n las raíces d e los
nervios es pinales y s us envo lturas.
De la par te media na de la c olum na vertebr al se separa a ambos lado s una ser ie regu lar de arc os óseo s: las cos t i llas , e n número de doce para cada
lado. É stas se ar ticula n por de lante c on el est ernón, por int ermedi o de lo s cartí lago s costal es, excepto las do s última s, que quedan libres (costi llas
flotantes). El co njunto de c olumna v ertebra l, co stillas, c artílago s, esternó n y espac ios int ercosto condrales s e integra e n una caj a de constituc ión
especial: el tórax.
La cintura escapular (cingulum pectorale) está form ada por la escápula y la clavícula; su funció n es uni r los mi embros super iores al t óra x.
La cintura pél vica (cingulum pelvicum) se encuent ra si tuada e n el extremo i nferio r de la co lumna v ertebra l y est á const itui da por los hue sos co xale s
y el sacro . Éstos sir ven para qu e se co necten los m iembros i nferio res.
Los hueso s coxales, el sacro y el có ccix delimita n un es pacio: la cav idad pelviana .
El mie mbro superior c omprende tres segm entos co n sus respectiv os hueso s: el brazo , con el húm ero; el antebra zo , con el cubito (ulna) y el r adi o, y
la mano, con los hueso s del ca rpo, el metacar po y las fa langes.
El mie mbro inf erior tambi én presenta tres segmentos: el mus lo, c on el fémur; la pierna , con la tibia y el peron é (fíbula), y el pie, c on el tarso , el
metatarso y las falanges.
Existe u n único hueso , situado en el cuel lo, qu e no pre senta co nexiones dir ectas c on el rest o del esq ueleto: s e trata del h ueso hioid es.
NÚMERO DE HUESOS
En el a dulto s e cuenta n 206 hu esos. No se conside ran los hues os suturale s [worm ianos] d el crá neo ni lo s sesam oi deos . La variabi lidad de su
presencia l os conv ierte en inco nstantes. E n el c aso de que estén prese ntes, se lo s co nsidera s upern umerarios. El núme ro de las piez as ósea s varía
con la edad. En el niño , el hueso f rontal co mprende dos pi ezas: d erecha e i zquier da, que l uego se f usionan. Asimis mo el hueso coxal está formado
por tres hueso s diferen tes: isquion, i lion y pubis, que posterio rmente s e sueldan e ntre sí. E n la vejez, los huesos pue den solda rse, en es pecial los
del cráneo , lo qu e dism inuye su número .
CONFIGURACIÓN EXTERNA DE LOS HUESOS
Forma
Los hueso s se presenta n en tres f ormas principa les (fig. 1-2):
A. Huesos la rgos: predom ina la l ongitud sobre e l espeso r y el a ncho . Co nstan de un c uerpo o diáfisi s y de do s ex tremos o epífisis. La unión de la
diáfisi s con l a epífisis s e llama m etáfi sis. A este grupo c orresponde n los hueso s de los do s primero s segme ntos de los m iembro s.
B. Huesos cortos: de vol umen re stringido , sus tres eje s so n semej antes. Su forma es var iable, por l o genera l cubo idea; se los encue ntra e n el ca rpo
y el tarso.
C. Huesos pla nos: el espeso r es reduc ido, c on pr edomin io de la lo ngitud y el ancho. Con stituy en las parede s de l as ca vida des c raneal, nasa les,
orbitaria s y pelviana . Puede n form ar amplias s uperfic ies de in serció n muscular: escápula , co xal, occipital.
Pueden di stinguir se, ademá s:
- Huesos neum áticos: algu nos hueso s de la cara y del cráneo p resentan c avidade s rellenas d e aire. Esta s cavida des neumá tica s pueden te ner
dimensio nes redu cidas, y entonces se las designa ce ldas (etmoidales, mastoideas). Cuando adquieren un tamaño mayor, se las denomina senos
(maxilar, esfeno ides, fronta l).
- Huesos sesamoideos: deben su nom bre a sus re ducidas dim ensione s (semilla de s ésamo) . Pueden ser inc onstan tes. Se lo s encuentra en la
articulación metacarpofalángica del pulgar y metatarsofalángica del hallux (dedo gordo), en la porción medial del gastrocnemio y en el tendón del
peroneo l argo . Con m enor fr ecue ncia se encuentr an e n el ti bial poste rior y en el tr íceps br aquial . A nexos a un te ndón o li gamento , s e articula n co n
un hueso de l a vecinda d, hue so de sost én o de sopo rte, al que po r lo general no se suelda n. La rótula (p atella), situa da en el tendó n del cuádric eps,
puede co nsidera rse, po r su ubic ac ión, c omo un hue so de tipo sesa moideo ; se difer encia de és tos po r su tamaño y porque siempre s e osifica .
Superfic ie
En la su perf icie de lo s huesos ex isten i rregular idade s, com o salientes, entra ntes y superfic ies ásp eras.
Las em inencias y las salien tes ad optan formas variables:
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- Eminencias articulares : son reg ulares, c omo la cabeza del húm ero y los có ndilos del fém ur.
- Em inencias extra -articulares: muy variables, ir regula res y rugo sas, por lo común destina das a inserc iones m uscular es o liga mentosas. S u
desarroll o varí a s egún la pote nci a que ej erce el m úsculo que s e inserta en e llas. Se las denomi na apó fisis, p rotubera ncias, t ubero sidades, espina s,
crestas, lín eas.
Los hueso s pueden pr esentar ca vidades qu e se div iden e n:
- Cavidades articulares: son depresio nes esf eroidal es, elipso idales o cupuli formes q ue enc ajan en una sa lien te del hue so ar ticul ar, co mo la s
cavidades co tiloideas y gle noidea s y los platil los tibiales.
- Cavidades no articulares: de forma v ariable, se distin guen:
a) Cavidades de inse rción: e n ellas se f ijan determ inado s múscul o s.
b) Cavidades de recepción: por el las pasan t endone s, arterias, venas y nerv ios. Se pr esentan en f orma de c anales, surcos, incisura s,
conduc tos, pero pueden o bserv arse ot ras dispo sicio nes en las c ual es los hueso s adopt an una c onf orma ción que c onstituye u na f o sa:
cerebral, c erebelosa , hipo fisaria.
c) Cavidades de ampl iación: son di vertículo s, cel das o senos i ntraós eos, sit uados por lo genera l en la vec indad de las ca vidades de l a ca ra
(senos maxilar, frontal, etc.) o en el hueso temporal (aparato de la audición, célula s masto ideas) .
Todo s los huesos es tán perfo rado s por forá menes nutr icios, po r lo s cuales penetra n los va sos e ncargado s de su n utrició n.
Algunos huesos está n perfo rados po r orif icios que se deno mina n forámenes o conduct os de tr ansmisión, que c omunica n una de las cara s del
hueso con la car a opuesta , lo q ue permit e el pa saje de ó rgano s muy div ersos. Esto o curre, por ejem plo, en el foramen magno d el hu eso oc cipital, el
cual alo ja la transició n del bulb o ra quídeo co n la médula esp ina l, que pasa de l cráneo al co nducto vertebral. Otros o rific ios so n mucho m ás
pequeños, c omo el f oramen espi noso del h ueso esfenoides, atra vesado por l a arter ia men íngea m edia. E stos orif icios so n particularm ente
numerosos e n las pa redes de la s cav idades cerra das y, por su inter medio, esas cavidad es se co munic an con el exte rior.
CONFIGURACIÓN INTERNA DE LOS HUESOS
En el hue so del adul to, al corte s e reco nocen do s por ciones: el hue so compacto y el hueso espo njoso o trabecu lar. El hueso compacto fo rma una
capa perif éric a y co ntinua. E l hue so esponj oso está consti tui do por una serie de lami nill as o tra bécula s que del imita n espac ios co munica ntes e ntre
sí, oc upados por la dula ósea. El tejido compacto le forma al esponjo so u n estuche de c onten ción. L as tra bécula s del hueso es ponjo so tienen
una orientac ión que permite a l hueso una m ayor re sistenc ia a las presiones o a las trac ciones que debe so porta r utiliz ando el m íni mo de material.
En los hue sos lar gos (f ig. 1-3), la diá fisis está c onsti tuida po r hues o co mpact o por f uera de la cavidad medular, y las epíf isis, por hueso esponjoso, y
se encuentra n rodea das por u na del gada l ámina d e hueso c ompa cto.
En los hue sos planos (fig. 1 -4) el hueso esponj oso se di spone en tre dos lám inas de h ueso com pacto. E n los huesos de la bóved a del cráneo se
denomina d iplo e al hueso esponj oso y tablas interna y externa a las láminas de hueso compacto.
Los hues os cortos (f ig. 1-5) están f ormado s por hueso esponjo so r odeado po r una lám ina de hu eso compa cto, a sem ejanza de lo que oc urre en las
epífisis d e los hueso s largo s.
La médula ósea se encuentra en la cav idad medular de los h ueso s largos y en la s cavidades del hueso esponjo so , y participa en la f ormación y
renovac ión de las cél ulas de la sangre (h ematopo yesis). C onstituy e un teji do por sí mism a y pued e co nsiderársela un órgano aparte . El hueso sec o
carece de méd ula ósea.
El p eriost io e s una mem brana fi broelá stica que ro dea la superfi cie exterio r de lo s huesos, con exclus ión de la s par tes revestid as por c artílago
articular y los l ugar es en lo s que se i nserta n ten dones y ligam entos. Está r icam ente va sculariz ado e ine rvado , se a dhiere de mo do va riable al hueso
que reviste. Se lo li bera más fá cilm ente de las di áfisis q ue de las c restas e irregula ridade s. Partic ipa en fo rma ac tiva en el crec imiento del h ueso y e n
su vascula rizac ión.
Los car tílagos epifis arios ( fig. 1-6), que existe n en los hueso s largo s de los jó venes, permiten el cr ecimiento en longit ud del hueso . Son visibles e n
las radiografías, y no deben co nfundirs e con tra zos de f ractu ras.
VASCUL ARIZACI ÓN DE LOS HUE SOS
Su estudio permite c omprend er la estruc tura ó sea e interp retar la consol idación de la s fract uras, su s retardos y s us defec tos.
En la superf icie del h ueso se presenta n numeroso s orifi cio s: los for ámenes nutricios, q ue se prof undizan co mo c anales n utric ios. Segú n sus
dimensio nes, se los di vide e n tres órdenes:
A. Forámenes de prime r orden: pertenece n a la di áfisis de los huesos la rgos y a las cara s de l os hue sos pla nos. Po r ellos tra nsita n los v asos
princi pales del hues o que se dirig en al cana l medul ar, don de ter minan.
B. Forámenes de segundo orden: se lo s encuentra en las e pífisis de lo s huesos lar gos, en lo s bordes de los ángulo s de los hueso s plano s, así co mo
en las sup erficies no arti culares de l os hueso s corto s.
C. Forámenes de tercer orden: son los más pequ eños. Se lo s hall a en toda s las s uperfic ies no ar ticula res del hu eso. S e pueden c onta r hasta 50 por
mm2.
Todo s estos forá menes y canale s denotan la riquez a vasc ular del h ueso.
Arterias
La arterias son numerosas y varían según e l tipo de hu eso que se c onsider e.
En los hue sos larg os, pueden c lasif icarse en t res sistemas:
A. Diafis ario: la arteria principal del hu eso penet ra por el foramen nutricio de mayo r calibre. E n el miembro super ior se dir igen hac ia el
codo . En el mi embro i nferio r, en cambio , se alejan d e la rod illa (f ig. 1-7). La explicac ión se hall aría en relac ión con el crecimie nto en
longitud d el hueso: la orienta ción del cana l parece "h uir" de la extr emidad más f értil (ma yor veloc idad de c recimiento ). La arteria nutr icia
se distri buye en el tejido óseo pro piamente dic ho y en la médul a ósea. Las innum erables art eria s que se dist ribuy en en el te jido óseo
cursan por lo s sistema s de lami nilla s y conducto s central es de la o steona [de Havers].
B. Periós tico: e l perio stio que r ecu bre la diáf isis se encue ntra ric amente va sculariz ado por a rterias de la pr oximi dad (músc ulo s, ligam entos),
que dan o rigen a una abun dante red vasc ular ar terial. Cuando se s epara el periost io, se produce una a bundante hemorr agia e n super ficie.
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Los va sos perióstic os se intro ducen por fo rámenes de tercer orden hacia los canal es nutricio s, donde se ram ifican y c apilariza n,
anastomo sándose co n las art erias endó stica s origina das en el sistema precedente.
C. Epifis ometa fisar io: se ori gina e n las arter ias articula res, las m uscul otendinosa s vecina s y alguna s pro pias para la epífisi s y metáfis is.
Arterias de la médula ósea: proceden de la arteria nutricia diafisaria. Estas arterias se capilarizan, para continuarse en los si nuso ides, q ue las
conectan con el seno venoso central. Las arterias metafisarias estarían encargadas de irrigar a la médula osteogénica, y la arteria nutricia principal,
a la médula metafisaria.
Los tres sist emas q ue irrigan lo s h uesos lar gos y las ar terias que ir ri gan la médula ósea se a nastomo san entr e sí.
Los huesos planos se irri gan por dos tipos d e arteria s:
A. Arte rias pe rióst icas: c onstituy en una red per ióstic a de do nde nac en ramas q ue pene tran e n el hue so por f orámene s de segun do y tercer
orden.
B. Arter ias or ificia les: pene tran e n el hu eso por o rific ios de ma yor ta maño , describi endo u n trayec to obl icuo.
La irrigac ión de los huesos cor tos proc ede de dos fuente s:
A. Arte rias pe rióst icas : se origi nan en la s arteri as de la veci ndad y pueden fo rmar u na red a nastom ót ica periósti ca cuyas ramas atraviesan el hueso
cortica l.
B. Arter ias or ificia les : se ori ginan ta mbién en las a rteria s de la veci ndad, com o arter ias pro pias d el hueso, y pe netran por forá menes vasculare s
extraartic ulares. P ueden or iginar se en arteria s muscul otendi nosas y ligamentosa s.
En algunos hu esos co rtos se jerarquiz an cierta s arterias c onstit uyente s de pedículo s bien defi nidos que se d istribu yen en el hueso esponjo so en
múltiples ramific acio nes según la estr uctura del hu eso. Co mo se c ompren de, su i ntegridad tien e import ancia funda menta l para mantener una
correcta nutrició n ósea.
Venas
La art eria nutr icia está ac ompañ ada por una o dos v enas q ue em ergen d e la pr ofun didad d el hue so. E l origen del si stem a venoso lo constit uye un
conjunt o de co lector es avalvul a-dos enca rgados d e drena r el hueso . La c irculac ión veno sa de un hueso se i nicia en un centr o cav itario único o
ramific ado y ensancha do. En lo s huesos lar gos, las v enas se or iginan en e l seno venoso medular o centr al, y gradual mente se o rdenan y llegan al
periostio. Esta circul ació n de ret or no se enc uentra muy d esarro llada en la epífi sis, do nde e xiste n ver daderos conduc tos o la gos. E n los huesos
planos se la s denomina venas diploicas. Poseen un tra yecto sinuo so de vo lumen va riable o bien a doptan una disposi ción en c ond uctos f inos muy
ramificados. E n los hues os cortos se o riginan a partir de la gos ce ntrales o sin usoides dila tado s que co nfluyen hacia una o dos venas que emer gen
en el periosti o.
La ci rculac ión san guínea de lo s hueso s e s abun dante. Ello explic a qu e en una fra ctura la sa ngre proceda de la cavidad medular y de la médula
dilacerada, del tejido compacto y del periost io. Esta profusa v asculariz ación a rterial y veno sa en el hueso dem uestra la Im porta ncia que revi ste
para la v ida de est e tej ido y los pro fundos cambios químic os y ot ológic os que durant e la vida se pr oducen en su interio r, así como la releva ncia d e
su integri dad.
INERVACIÓN DE LOS HUESOS
Los nervi os que llega n al hueso penetra n en su i nterior aco mpaña ndo a las ar terias ( nervio s perivasc ulares), f unda mentalmente a la arteria nutricia
princi pal. Son fibras sensi tivas r esponsa bles d el dolor ó seo. L as fibra s nervio sas d el hueso y del per iostio procede n de los nervio s muscular es.
Forman en el per iostio un ple xo denso q ue se ra mifica para fi nali zar en glo mérulo s termina les (es to explica el dolo r en la perio stit is). Se tra ta de
fibras que provien en de nerv io s craneale s o espina les. D esde este plexo nervioso s e origi nan f ibras que llegan al hueso cortical, en forma
indepen diente, s in ac ompaña r a lo s vasos sa nguíneos. E n la médul a ósea ,
las fibra s nervio sas autóno mas se dispone n alrede dor de lo s va sos, fo rmando plexo s per ivasculares vasom otores que terminan en las capas
musculare s lisas de los vaso s.
La irrigac ión y la inervació n tienen fundament al importancia en el crec imiento y en la osif icació n. El hueso vivo posee una extrao rdinar ia
sensibil idad, c omo lo atesti guan l os do lores que ac ompaña n a las frac turas, a sí com o a lo s proceso s inflamato rios o a algunos tumo res.
OSIFICACIÓN Y CRECIMIENTO DE LOS HUESOS
La osi ficaci ón, proceso general de lo s huesos, inter viene e n la forma ción de las m últiples piezas ós eas. Su desa rrollo y su crecim ient o están regi dos
por diverso s facto res.
General idades
El tejido óseo es una form a del t ejido co njuntivo . Se ca racteriz a porque su sustanci a fundam ental está im pregna da de sales c alcica s. La o sificac ión
resulta de un c onju nto d e fe menos anató mico s, histo lógico s y fi siológic os que t ransfo rman un tej ido co njunti vo dife rencia do en tej ido óseo . El
tejido m esenqui matoso del embrió n es el pu nto de pa rtida d e cier tas forma s de hueso . Lo s demás t ejidos c onjuntiv os son susc eptibles d e osific arse
en determina das co ndicione s, com o ocurre en los t ejidos fib roso y cartilagino so, lo s ligament os artic ulares, las par edes ar teriales, etc. En el
organismo pueden o bservar se osif icacio nes "hetero tópicas".
En la o steogenesis deben co nsider arse perío dos esenci ales:
- Pre osificació n: se c aracteriz a por la aparició n de una distens ión edema tosa en el teji do embrio nario entre cu yas fibrillas colágen as aparec e una
sustanc ia preósea de or igen no bi en def inido .
- Impregnación calcica: mediante un fenómeno esen cialmente vascular, la sustancia preósea se transforma en oseína. Las sales de calcio aportadas
por los v asos sang uíneos del me dio se de positan en el int erior de la sustanci a fundam ental. L as sales mi nerales, fosfa tos y car bonatas de ca lcio
impregna n los espac ios co njuntiv os, unié ndose a la oseína. E l res ultado es la form ación d e un teji do só lido y resi stente q ue en cie rta s condicio nes
(acc ión de la horm ona d e crecim iento, la l uz y la vitam ina D) adq uiere ho mogen eida d. Este proce so de calc ifica ción inv ade de manera progresi va
las trabécu las direc trice s. Nuevas trabéculas se yuxta ponen a la s tr abéculas precedent es, asegur ando así el proc eso de osi ficac ión po r apo sición.
- Destr ucción ósea: las trabéc ulas así organiza das sigu en, en ge neral, el ej e de los vaso s sanguí neos, pero suf ren un pro ceso d e destrucc ión,
exteriori zado en el hue so co mpacto por la apar ición de lo s co nductos c entrale s [de Havers] y de las ca vidades medula res (hue so espo njoso ). El
proceso de destrucci ón depe nde de la circulac ión loc al y de la ac ció n de célula s: los osteo clasto s.
Hi s t og énes is de l as piezas óseas. Cr ecimiento ós eo
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En el embrión, el esqueleto está repre sentado por modelo s primit ivos car tilaginoso s y fibroso s que darán o rigen resp ectivament e a los hueso s de
cartílago y a los hueso s de mem brana .
Osific ación y crecim iento de un hueso de car tílago
El elemento inicial es una plac a o ta llo cartila ginoso qu e repro duce en escala me nor al hueso que ha de form ar y en la que se establec en dos t ipos
de osific ació n: ce ntral y peri férica . Ambas depen den del régi men circ ulatori o lo cal que, en suma, aporta los elemento s ne cesario s para la
osificac ión.
La ac ción del periosti o, co nocida desde el siglo XVII, es fundam ental y se e xterio riza en la r egenerac n ósea, luego de la s upresión de un segm ento
óseo (O llier). E l periostio ofrece d urante toda la vida un medio eficaz para la osificación.
El ca rtílago, punto de par tida de la os ificac ión enco ndral, es pr ogresivam ente dest ruido y r eemplazado por tejido óseo. Par a que el hueso se
desarroll e, es necesa rio que el t ej ido carti laginoso se m ulti plique c on el fin d e ser útil y o frecer material al pr oceso d e osific ación.
En la adol escencia, la o sificació n encondral se detien e; por el cont rario, la osificac ión perióstica puede dura r toda la vida.
En un hueso lar go el modelo c artil aginoso pr esenta do s extremo s engrosa dos (fut uras epífisis) y una parte media (futura diáfisi s).
En la diáf isis, se observ a la evol ución si multánea de las osi fic aciones enco ndral y perico ndral. El hueso pe rióst ico a vanza ha cia el c entro de la
diáfisi s, donde encu entra al hues o enco ndral que se dirige hac ia la epífisis. A me dida que llega a los extremo s de la diáfisi s, el hueso encondral es
reemplaz ado en el ce ntro po r hueso periósti co, c on lo cual se genera en el hueso pr imit ivo una c avidad: la cavi dad medul ar, or iginada por la des-
trucció n de las ca pas m ás profu ndas del hu eso enco ndral. Así se d etiene el progreso d e las lami nilla s proveni entes del per iost io que, luego de hab er
ocupado el luga r qu e queda ba entre la p erifer ia del hueso y la cavida d medula r, desa parec en. Apa recen entonce s cél ulas hemató genas que
constituirán la médula ósea. La diáfisis ha sido construi da po r una abr azadera de hueso perióst ico entre dos pa rtes de hu eso enc ondral ( epífisi s),
que progr esa haci a los dos ex tremo s, en la pro ximidad d e las epíf isis.
En las e pífisis, apa rece un p unto de osifi cació n encondr al en el m odelo c artilagino so inicial, a partir del cual l a osificac ión progresa del centro a la
perifer ia. En la s epífi sis do mina l a o sificac ión enc ondral, mientr as que e l hueso perió stico s e manif iesta por una de lgada capa de hueso com pact o,
en la periferi a.
En la un ión diafisoe pifisa ria (metáfisis), persiste como una lámina cartilaginosa hasta el final del crecimiento. Este cartí lago e pifisa rio pro porci ona
a la diáfisi s los eleme ntos nec esarios para la osifica ción enc ondral. El periostio d iafisario tiene una a cció n importante en el cr ecimiento , canaliz ando
al hueso enco ndral, a seg urando los p roceso s de fo rmac ión y destruc ción q ue o curren en las epí fisis. A cau sa de l as fu nciones que desempe ña
durante el c recimi ento, la met áfisis es un pun to débil, sensible y delica do del hue so.
En un hueso cor to, la osific ación y el crec imiento son co mparabl es a los de una epífisis. Pre domina l a osific ación
encondra l, y el t ejido ó seo evo luc iona hac ia el es ponjoso , fo rmándo se grandes la guna s en el hu eso encondra l.
Osif icación y cr ecimi ento de un hueso de mem brana
Este proc eso se obs erva en lo s huesos del crá neo y de la ca ra. So bre un mo delo co njuntivo me mbranoso se form an trabéc ulas direc trice s de la
osific ació n que part en de la c ara pro funda del p eriostio . Los f enómenos ge nerales so n semejantes a los desc ritos para los hu esos prec edentes.
Las porc iones que f acilitan el cr ecimiento se encuentr an en l a periferia del hueso : placas f ibro sas que se ma ntienen durante el crecimi ento,
forma ndo en el cráneo l os espac io s fontanelares.
Morfogénesis ósea. El hueso vivo
El hueso crece en longi tud y en espe sor, y c on los años a dquier e su f orma defi nitiva. Ésta depend e de la incidenc ia de una s erie d e facto res, unos
hereditario s o genéti cos y o tros pura mente lo cales. A demás, el t ejido óseo viv o es muy mal eable.
Durante el crec imi ento s e produc e u na serie de re nova ciones de l as capas óseas, especia lmente en el hueso periós tico que deno ta l as reacc iones a
los esfue rzos o las tracc iones a la s que está sometido . De est e modo se o rigina n los cana les, por lo s que t ransitan e lement os vascula res o nerv iosos,
así com o las salientes ó seas y la s irregu larida des, expre siones de i nsercione s muscu lares. Esta s infl uencias e xtremas rep ercuten en la arquitectura
del hueso. Cua ndo el t ejido óse o co mpacto se espesa por la a cc ión de una presió n o tra cció n impo rtante, el tejido óseo es pon jo so orienta sus
trabécula s en e l sent ido de la presió n qu e sopo rta. En lo s hues os so metidos a esfuerz os co mplejo s (cuello del f émur, a strágalo , ca lcáneo) , la
orientac ión de la s trab éculas depende de la transmi sión de las fuerz as, y se ada pta a las f unciones propias d e la está tica y de la lo com oció n.
El crec imiento no detie ne las m odific aciones de la f orma del h ueso v ivo. E l hueso es asie nto de c onstantes tra nsform aciones. L os fenóm enos de
destruc ción y f orma ción ó sea ocurren d urant e toda la vida y tienden a equil ibrar se en el ad ulto. E n la vej ez predomi nan l os pro cesos de
destrucc ión. El t ejido ó seo se enra rece y el e squele to se v uelve más frági l. Así, el esq ueleto vivo func iona co mo un v erdade ro ó rgano , ric amente
vascula rizado , en el que se prod uc en modifi cacio nes fisicoqu ímica s de enorme rep ercus ión y estr echamente r elaciona das con la nutric ión.
Aspec tos particul ares de la activ idad de los huesos
Función de la a limen tació n: la alimentación proporciona los elementos necesarios para la osificación. Las carencias alimentarias proteicas o
cálcic as se manifie stan, so bre tod o en el ni ño en el desa rrollo del esque leto.
Función de las hormonas : las gl ándula s de sec reción i nterna que pro ducen ho rmona s del crecim iento repercut en, u nas sobre l a utili zació n de las
sales minera les (la s paratiroi des), y otras so bre los proc esos gene ral es del crec imiento óseo (l a hipófisis, la tiroid es y las glándula s genital es).
Función de la r epara ción ó sea: u n hueso fract urado , des truido o extir pado puede c onsol idarse o re const ruirse por un proceso de osteogénesis local
que se tra duce por un " callo " de c onsolida ción de f ract ura o po r la aparic ión de u na pi eza ós ea, sie mpre que la s co ndicio nes para la o sificación sean
propicias. Sobre esto s fenó menos a sienta el c oncepto de los inje rto s óseos par a corregir l a pérdi da de su stancia o reemplaz ar un seg mento óseo .
Osteól isis: cua ndo pre domina el pro ceso de de strucc ión ósea se pro duce una r arefac ción: la osteopo rosis. E n las ra diograf ías, el hueso apar ece
transpar ente y pr esent a una fra gilidad particular frente a los traumatismos.
EXPLORACIÓN DEL ESQUELETO EN EL SER VIVO
Examen clínic o: alg unos de los hues os so n superf ic ia les y s e los per cibe co n fac ilida d de bajo de lo s teg umen tos .
En la mayor parte de los casos se ven algunas salientes superficiales (p. ej. apófisis espinosas vertebrales) que constituye n ref ere ncia s pre cisa s en la ana tomía de s u supe rfic ie. Lo s hue sos
contri buye n a dar la fo rma a la r egió n q ue o cupan , y to da alte ración esq uelétic a la modific a. La s emio lo gía de las frac tura s, por ejem plo, tie ne e n cue nta la s al tera cio nes de la forma .
Radiología : descubie rta por R oent ge n en 18 96, re vo lucio nó la ex plorac n del es quele to e n el se r vi vo "fotografiándolo" a través de las partes blandas. A la radio grafía sim ple, bajo
inci dencia s d ivers as, se p uede ag rega r la to mograf ía , que puede "c orta r" u na p ieza o un co njunto ós eo e n nu meros os p lano s ( co ronale s, o blic uos , tra nsve rsale s). Por úl timo , la a rterio graf ía
puede prec is ar cierta s alte racione s pato lógic as del t ejido ó seo ( tumores malignos). Centellogr afía: perm ite la e xplora ción del es queleto e n su tota lida d. Molé cula s de piro fosf ato de c alcio
marc adas con t e cn eci o-9 9m obje tiva n las a ctivi da des me tabó licas del c alcio en el tejido óseo . Se le rec onoce a es te mé todo un gra n va lor e n la inves tigació n de loca lizac ione s múl ti ples (y
ocultas) de las neoplasias óseas malignas (mielomas, metástasis).
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Las tres formas de los huesos. A. Hueso largo (húmero, vista anterior)
B. Hueso plano (escápula, vista posterior). C. Hueso corto (calcáneo,
vista lateral).
Fig. 1 -3.
Corte longitudinal de un hueso largo (tibia).
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Fig. 1 -7.
Dirección de las arterias
nutricias de las diáfisis de los huesos
largos. A. Miembro superior. B. Miembro inferior. Las arterias
nutricias "se dirigen hacia el codo" y "se alejan de la rodilla".
Vascularización e inervación de un hueso largo.
La epífisis es
irrigada por la arteria epifisaria y la diáfisis, metáfisis y médula
ósea de los huesos largos, sobre todo por la gran arteria (o
arterias) nutricia. Las arterias metafisaria y epifisaria perforan el
hueso compacto y nutren el hueso esponjoso y la médula de los
extremos ó
seos. Las ramas de las arterias periósticas irrigan el
periostio. El periostio contiene muchos nervios sensiti
vos, los
nervios periósticos. El hueso compacto se compone, en su mayor
parte, de sistemas canaliculares haversianos (osteonas). El canal
de Ha
vers del sistema aloja uno o dos vasos sanguíneos para
alimentar los osteoci-tos (células óseas).
Formación de los centros de osificación primarios y
secundarios.
El crecimiento longitudinal tiene lugar a ambos lados de los
cartílagos de crecimiento epifisar ios (flechas).
Para que el
crecimiento prosiga, el hueso que se forma a partir del centro
primarlo de la diáfisis no debe unirse al de los centros
secundarios de las epífisis hasta que alcance el tamaño del
adulto.

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1 Crecimiento y Desarrollo 
Guía de Anatomía 
 
0341-153265294 
Generalidades sobre el 
sistema esquelético 
 
 
El esqueleto está constituido por un conjunto de huesos unidos entre sí. En el ser vivo es frecuente su exploración clínica mediante radiografías o 
palpación de referencias óseas de interés. 
El esqueleto del hombre es osteocartilaginoso. Durante la vida fetal, el esqueleto osteocartilaginoso que se forma es reemplazado luego por hueso 
de sustitución. En el adulto, el esqueleto cartilaginoso persiste en forma limitada: cartílagos costales, articulares, tabique nasal, etcétera. 
Los huesos son piezas duras, resistentes, que sirven de sostén a los músculos que los rodean. Pueden presentarse como: 
- Elementos protectores: un conjunto de huesos se conectan entre sí y forman cavidades que alojan sistemas y sentidos (cráneo, órbitas, etc.). 
- Elementos articulares: en las articulaciones móviles, los huesos están unidos entre sí por cápsulas, ligamentos y músculos. Estos últimos forman 
los ligamentos activos y los cartílagos participan como piezas pasivas. 
ASPECTO GENERAL DEL ESQUELETO 
En la región medial el esqueleto está constituido (fig. 1-1) por la superposición de una serie de piezas óseas cuyo conjunto forma la columna 
vertebral, que se halla situada en el eje longitudinal del cuerpo y constituye el eje vertical del esqueleto. Su parte superior sostiene el cráneo. En su 
extremo inferior, las vértebras se sueldan y adelgazan, formando dos huesos: el sacro y el cóccix. 
El conjunto craneovertebral o esqueleto axial presenta en su interior una cavidad donde se aloja el sistema nervioso central, con las raíces de los 
nervios espinales y sus envolturas. 
De la parte mediana de la columna vertebral se separa a ambos lados una serie regular de arcos óseos: las costillas, en número de doce para cada 
lado. Éstas se articulan por delante con el esternón, por intermedio de los cartílagos costales, excepto las dos últimas, que quedan libres (costillas 
flotantes). El conjunto de columna vertebral, costillas, cartílagos, esternón y espacios intercostocondrales se integra en una caja de constitución 
especial: el tórax. 
La cintura escapular (cingulum pectorale) está formada por la escápula y la clavícula; su función es unir los miembros superiores al tórax. 
La cintura pélvica (cingulum pelvicum) se encuentra situada en el extremo inferior de la columna vertebral y está constituida por los huesos coxales 
y el sacro. Éstos sirven para que se conecten los miembros inferiores. 
Los huesos coxales, el sacro y el cóccix delimitan un espacio: la cavidad pelviana. 
El miembro superior comprende tres segmentos con sus respectivos huesos: el brazo, con el húmero; el antebrazo, con el cubito (ulna) y el radio, y 
la mano, con los huesos del carpo, el metacarpo y las falanges. 
El miembro inferior también presenta tres segmentos: el muslo, con el fémur; la pierna, con la tibia y el peroné (fíbula), y el pie, con el tarso, el 
metatarso y las falanges. 
Existe un único hueso, situado en el cuello, que no presenta conexiones directas con el resto del esqueleto: se trata del hueso hioides. 
NÚMERO DE HUESOS 
En el adulto se cuentan 206 huesos. No se consideran los huesos suturales [wormianos] del cráneo ni los sesamoideos. La variabilidad de su 
presencia los convierte en inconstantes. En el caso de que estén presentes, se los considera supernumerarios. El número de las piezas óseas varía 
con la edad. En el niño, el hueso frontal comprende dos piezas: derecha e izquierda, que luego se fusionan. Asimismo el hueso coxal está formado 
por tres huesos diferentes: isquion, ilion y pubis, que posteriormente se sueldan entre sí. En la vejez, los huesos pueden soldarse, en especial los 
del cráneo, lo que disminuye su número. 
CONFIGURACIÓN EXTERNA DE LOS HUESOS 
Forma 
Los huesos se presentan en tres formas principales (fig. 1-2): 
A. Huesos largos: predomina la longitud sobre el espesor y el ancho. Constan de un cuerpo o diáfisis y de dos extremos o epífisis. La unión de la 
diáfisis con la epífisis se llama metáfisis. A este grupo corresponden los huesos de los dos primeros segmentos de los miembros. 
B. Huesos cortos: de volumen restringido, sus tres ejes son semejantes. Su forma es variable, por lo general cuboidea; se los encuentra en el carpo 
y el tarso. 
C. Huesos planos: el espesor es reducido, con predominio de la longitud y el ancho. Constituyen las paredes de las cavidades craneal, nasales, 
orbitarias y pelviana. Pueden formar amplias superficies de inserción muscular: escápula, coxal, occipital. 
Pueden distinguirse, además: 
- Huesos neumáticos: algunos huesos de la cara y del cráneo presentan cavidades rellenas de aire. Estas cavidades neumáticas pueden tener 
dimensiones reducidas, y entonces se las designa celdas (etmoidales, mastoideas). Cuando adquieren un tamaño mayor, se las denomina senos 
(maxilar, esfenoides, frontal). 
- Huesos sesamoideos: deben su nombre a sus reducidas dimensiones (semilla de sésamo). Pueden ser inconstantes. Se los encuentra en la 
articulación metacarpofalángica del pulgar y metatarsofalángica del hallux (dedo gordo), en la porción medial del gastrocnemio y en el tendón del 
peroneo largo. Con menor frecuencia se encuentran en el tibial posterior y en el tríceps braquial. Anexos a un tendón o ligamento, se articulan con 
un hueso de la vecindad, hueso de sostén o de soporte, al que por lo general no se sueldan. La rótula (patella), situada en el tendón del cuádriceps, 
puede considerarse, por su ubicación, como un hueso de tipo sesamoideo; se diferencia de éstos por su tamaño y porque siempre se osifica. 
Superficie 
En la superficie de los huesos existen irregularidades, como salientes, entrantes y superficies ásperas. 
Las eminencias y las salientes adoptan formas variables: 
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- Eminencias articulares: son regulares, como la cabeza del húmero y los cóndilos del fémur. 
- Eminencias extra-articulares: muy variables, irregulares y rugosas, por lo común destinadas a inserciones musculares o ligamentosas. Su 
desarrollo varía según la potencia que ejerce el músculo que se inserta en ellas. Se las denomina apófisis, protuberancias, tuberosidades, espinas, 
crestas, líneas. 
Los huesos pueden presentar cavidades que se dividen en: 
- Cavidades articulares: son depresiones esferoidales, elipsoidales o cupuliformes que encajan en una saliente del hueso articular, como las 
cavidades cotiloideas y glenoideas y los platillos tibiales. 
- Cavidades no articulares: de forma variable, se distinguen: 
a) Cavidades de inserción: en ellas se fijan determinados músculos. 
b) Cavidades de recepción: por ellas pasan tendones, arterias, venas y nervios. Se presentan en forma de canales, surcos, incisuras, 
conductos, pero pueden observarse otras disposiciones en las cuales los huesos adoptan una conformación que constituye una fosa: 
cerebral, cerebelosa, hipofisaria. 
c) Cavidades de ampliación: son divertículos, celdas o senos intraóseos, situados por lo general en la vecindad de las cavidades de la cara 
(senos maxilar, frontal, etc.) o en el hueso temporal (aparato de la audición, células mastoideas). 
Todos los huesos están perforados por forámenes nutricios, por los cuales penetran los vasos encargados de su nutrición. 
Algunos huesos están perforados por orificios que se denominan forámenes o conductos de transmisión, que comunican una de las caras del 
hueso con la cara opuesta, lo que permite el pasaje de órganos muy diversos. Esto ocurre, por ejemplo, en el foramen magno del hueso occipital, el 
cual aloja la transición del bulbo raquídeo con la médula espinal, que pasa del cráneo al conducto vertebral. Otros orificiosson mucho más 
pequeños, como el foramen espinoso del hueso esfenoides, atravesado por la arteria meníngea media. Estos orificios son particularmente 
numerosos en las paredes de las cavidades cerradas y, por su intermedio, esas cavidades se comunican con el exterior. 
CONFIGURACIÓN INTERNA DE LOS HUESOS 
En el hueso del adulto, al corte se reconocen dos porciones: el hueso compacto y el hueso esponjoso o trabecular. El hueso compacto forma una 
capa periférica y continua. El hueso esponjoso está constituido por una serie de laminillas o trabéculas que delimitan espacios comunicantes entre 
sí, ocupados por la médula ósea. El tejido compacto le forma al esponjoso un estuche de contención. Las trabéculas del hueso esponjoso tienen 
una orientación que permite al hueso una mayor resistencia a las presiones o a las tracciones que debe soportar utilizando el mínimo de material. 
En los huesos largos (fig. 1-3), la diáfisis está constituida por hueso compacto por fuera de la cavidad medular, y las epífisis, por hueso esponjoso, y 
se encuentran rodeadas por una delgada lámina de hueso compacto. 
En los huesos planos (fig. 1-4) el hueso esponjoso se dispone entre dos láminas de hueso compacto. En los huesos de la bóveda del cráneo se 
denomina diploe al hueso esponjoso y tablas interna y externa a las láminas de hueso compacto. 
Los huesos cortos (fig. 1-5) están formados por hueso esponjoso rodeado por una lámina de hueso compacto, a semejanza de lo que ocurre en las 
epífisis de los huesos largos. 
La médula ósea se encuentra en la cavidad medular de los huesos largos y en las cavidades del hueso esponjoso, y participa en la formación y 
renovación de las células de la sangre (hematopoyesis). Constituye un tejido por sí misma y puede considerársela un órgano aparte. El hueso seco 
carece de médula ósea. 
El periostio es una membrana fibroelástica que rodea la superficie exterior de los huesos, con exclusión de las partes revestidas por cartílago 
articular y los lugares en los que se insertan tendones y ligamentos. Está ricamente vascularizado e inervado, se adhiere de modo variable al hueso 
que reviste. Se lo libera más fácilmente de las diáfisis que de las crestas e irregularidades. Participa en forma activa en el crecimiento del hueso y en 
su vascularización. 
Los cartílagos epifisarios (fig. 1-6), que existen en los huesos largos de los jóvenes, permiten el crecimiento en longitud del hueso. Son visibles en 
las radiografías, y no deben confundirse con trazos de fracturas. 
VASCULARIZACIÓN DE LOS HUESOS 
Su estudio permite comprender la estructura ósea e interpretar la consolidación de las fracturas, sus retardos y sus defectos. 
En la superficie del hueso se presentan numerosos orificios: los forámenes nutricios, que se profundizan como canales nutricios. Según sus 
dimensiones, se los divide en tres órdenes: 
A. Forámenes de primer orden: pertenecen a la diáfisis de los huesos largos y a las caras de los huesos planos. Por ellos transitan los vasos 
principales del hueso que se dirigen al canal medular, donde terminan. 
B. Forámenes de segundo orden: se los encuentra en las epífisis de los huesos largos, en los bordes de los ángulos de los huesos planos, así como 
en las superficies no articulares de los huesos cortos. 
C. Forámenes de tercer orden: son los más pequeños. Se los halla en todas las superficies no articulares del hueso. Se pueden contar hasta 50 por 
mm2. 
Todos estos forámenes y canales denotan la riqueza vascular del hueso. 
Arterias 
La arterias son numerosas y varían según el tipo de hueso que se considere. 
En los huesos largos, pueden clasificarse en tres sistemas: 
A. Diafisario: la arteria principal del hueso penetra por el foramen nutricio de mayor calibre. En el miembro superior se dirigen hacia el 
codo. En el miembro inferior, en cambio, se alejan de la rodilla (fig. 1-7). La explicación se hallaría en relación con el crecimiento en 
longitud del hueso: la orientación del canal parece "huir" de la extremidad más fértil (mayor velocidad de crecimiento). La arteria nutricia 
se distribuye en el tejido óseo propiamente dicho y en la médula ósea. Las innumerables arterias que se distribuyen en el tejido óseo 
cursan por los sistemas de laminillas y conductos centrales de la osteona [de Havers]. 
B. Perióstico: el periostio que recubre la diáfisis se encuentra ricamente vascularizado por arterias de la proximidad (músculos, ligamentos), 
que dan origen a una abundante red vascular arterial. Cuando se separa el periostio, se produce una abundante hemorragia en superficie. 
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Los vasos periósticos se introducen por forámenes de tercer orden hacia los canales nutricios, donde se ramifican y capilarizan, 
anastomosándose con las arterias endósticas originadas en el sistema precedente. 
C. Epifisometafisario: se origina en las arterias articulares, las musculotendinosas vecinas y algunas propias para la epífisis y metáfisis. 
Arterias de la médula ósea: proceden de la arteria nutricia diafisaria. Estas arterias se capilarizan, para continuarse en los sinusoides, que las 
conectan con el seno venoso central. Las arterias metafisarias estarían encargadas de irrigar a la médula osteogénica, y la arteria nutricia principal, 
a la médula metafisaria. 
Los tres sistemas que irrigan los huesos largos y las arterias que irrigan la médula ósea se anastomosan entre sí. 
Los huesos planos se irrigan por dos tipos de arterias: 
A. Arterias periósticas: constituyen una red perióstica de donde nacen ramas que penetran en el hueso por forámenes de segundo y tercer 
orden. 
B. Arterias orificiales: penetran en el hueso por orificios de mayor tamaño, describiendo un trayecto oblicuo. 
La irrigación de los huesos cortos procede de dos fuentes: 
A. Arterias periósticas: se originan en las arterias de la vecindad y pueden formar una red anastomótica perióstica cuyas ramas atraviesan el hueso 
cortical. 
B. Arterias orificiales: se originan también en las arterias de la vecindad, como arterias propias del hueso, y penetran por forámenes vasculares 
extraarticulares. Pueden originarse en arterias musculotendinosas y ligamentosas. 
En algunos huesos cortos se jerarquizan ciertas arterias constituyentes de pedículos bien definidos que se distribuyen en el hueso esponjoso en 
múltiples ramificaciones según la estructura del hueso. Como se comprende, su integridad tiene importancia fundamental para mantener una 
correcta nutrición ósea. 
Venas 
La arteria nutricia está acompañada por una o dos venas que emergen de la profundidad del hueso. El origen del sistema venoso lo constituye un 
conjunto de colectores avalvula-dos encargados de drenar el hueso. La circulación venosa de un hueso se inicia en un centro cavitario único o 
ramificado y ensanchado. En los huesos largos, las venas se originan en el seno venoso medular o central, y gradualmente se ordenan y llegan al 
periostio. Esta circulación de retorno se encuentra muy desarrollada en la epífisis, donde existen verdaderos conductos o lagos. En los huesos 
planos se las denomina venas diploicas. Poseen un trayecto sinuoso de volumen variable o bien adoptan una disposición en conductos finos muy 
ramificados. En los huesos cortos se originan a partir de lagos centrales o sinusoides dilatados que confluyen hacia una o dos venas que emergen 
en el periostio. 
La circulación sanguínea de los huesos es abundante. Ello explica que en una fractura la sangre proceda de la cavidad medular y de la médula 
dilacerada, del tejido compacto y del periostio. Esta profusa vascularización arterial y venosa en el hueso demuestra la Importancia que reviste 
para la vida de este tejido y los profundos cambios químicos y otológicos que durante la vida se producen en su interior, así como la relevancia de 
su integridad. 
INERVACIÓN DE LOS HUESOS 
Los nerviosque llegan al hueso penetran en su interior acompañando a las arterias (nervios perivasculares), fundamentalmente a la arteria nutricia 
principal. Son fibras sensitivas responsables del dolor óseo. Las fibras nerviosas del hueso y del periostio proceden de los nervios musculares. 
Forman en el periostio un plexo denso que se ramifica para finalizar en glomérulos terminales (esto explica el dolor en la periostitis). Se trata de 
fibras que provienen de nervios craneales o espinales. Desde este plexo nervioso se originan fibras que llegan al hueso cortical, en forma 
independiente, sin acompañar a los vasos sanguíneos. En la médula ósea, 
las fibras nerviosas autónomas se disponen alrededor de los vasos, formando plexos perivasculares vasomotores que terminan en las capas 
musculares lisas de los vasos. 
La irrigación y la inervación tienen fundamental importancia en el crecimiento y en la osificación. El hueso vivo posee una extraordinaria 
sensibilidad, como lo atestiguan los dolores que acompañan a las fracturas, así como a los procesos inflamatorios o a algunos tumores. 
OSIFICACIÓN Y CRECIMIENTO DE LOS HUESOS 
La osificación, proceso general de los huesos, interviene en la formación de las múltiples piezas óseas. Su desarrollo y su crecimiento están regidos 
por diversos factores. 
Generalidades 
El tejido óseo es una forma del tejido conjuntivo. Se caracteriza porque su sustancia fundamental está impregnada de sales calcicas. La osificación 
resulta de un conjunto de fenómenos anatómicos, histológicos y fisiológicos que transforman un tejido conjuntivo diferenciado en tejido óseo. El 
tejido mesenquimatoso del embrión es el punto de partida de ciertas formas de hueso. Los demás tejidos conjuntivos son susceptibles de osificarse 
en determinadas condiciones, como ocurre en los tejidos fibroso y cartilaginoso, los ligamentos articulares, las paredes arteriales, etc. En el 
organismo pueden observarse osificaciones "heterotópicas". 
En la osteogenesis deben considerarse períodos esenciales: 
- Preosificación: se caracteriza por la aparición de una distensión edematosa en el tejido embrionario entre cuyas fibrillas colágenas aparece una 
sustancia preósea de origen no bien definido. 
- Impregnación calcica: mediante un fenómeno esencialmente vascular, la sustancia preósea se transforma en oseína. Las sales de calcio aportadas 
por los vasos sanguíneos del medio se depositan en el interior de la sustancia fundamental. Las sales minerales, fosfatos y carbonatas de calcio 
impregnan los espacios conjuntivos, uniéndose a la oseína. El resultado es la formación de un tejido sólido y resistente que en ciertas condiciones 
(acción de la hormona de crecimiento, la luz y la vitamina D) adquiere homogeneidad. Este proceso de calcificación invade de manera progresiva 
las trabéculas directrices. Nuevas trabéculas se yuxtaponen a las trabéculas precedentes, asegurando así el proceso de osificación por aposición. 
- Destrucción ósea: las trabéculas así organizadas siguen, en general, el eje de los vasos sanguíneos, pero sufren un proceso de destrucción, 
exteriorizado en el hueso compacto por la aparición de los conductos centrales [de Havers] y de las cavidades medulares (hueso esponjoso). El 
proceso de destrucción depende de la circulación local y de la acción de células: los osteoclastos. 
Histogénesis de las piezas óseas. Crecimiento óseo 
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En el embrión, el esqueleto está representado por modelos primitivos cartilaginosos y fibrosos que darán origen respectivamente a los huesos de 
cartílago y a los huesos de membrana. 
Osificación y crecimiento de un hueso de cartílago 
El elemento inicial es una placa o tallo cartilaginoso que reproduce en escala menor al hueso que ha de formar y en la que se establecen dos tipos 
de osificación: central y periférica. Ambas dependen del régimen circulatorio local que, en suma, aporta los elementos necesarios para la 
osificación. 
La acción del periostio, conocida desde el siglo XVII, es fundamental y se exterioriza en la regeneración ósea, luego de la supresión de un segmento 
óseo (Ollier). El periostio ofrece durante toda la vida un medio eficaz para la osificación. 
El cartílago, punto de partida de la osificación encondral, es progresivamente destruido y reemplazado por tejido óseo. Para que el hueso se 
desarrolle, es necesario que el tejido cartilaginoso se multiplique con el fin de ser útil y ofrecer material al proceso de osificación. 
En la adolescencia, la osificación encondral se detiene; por el contrario, la osificación perióstica puede durar toda la vida. 
En un hueso largo el modelo cartilaginoso presenta dos extremos engrosados (futuras epífisis) y una parte media (futura diáfisis). 
En la diáfisis, se observa la evolución simultánea de las osificaciones encondral y pericondral. El hueso perióstico avanza hacia el centro de la 
diáfisis, donde encuentra al hueso encondral que se dirige hacia la epífisis. A medida que llega a los extremos de la diáfisis, el hueso encondral es 
reemplazado en el centro por hueso perióstico, con lo cual se genera en el hueso primitivo una cavidad: la cavidad medular, originada por la des-
trucción de las capas más profundas del hueso encondral. Así se detiene el progreso de las laminillas provenientes del periostio que, luego de haber 
ocupado el lugar que quedaba entre la periferia del hueso y la cavidad medular, desaparecen. Aparecen entonces células hematógenas que 
constituirán la médula ósea. La diáfisis ha sido construida por una abrazadera de hueso perióstico entre dos partes de hueso encondral (epífisis), 
que progresa hacia los dos extremos, en la proximidad de las epífisis. 
En las epífisis, aparece un punto de osificación encondral en el modelo cartilaginoso inicial, a partir del cual la osificación progresa del centro a la 
periferia. En las epífisis domina la osificación encondral, mientras que el hueso perióstico se manifiesta por una delgada capa de hueso compacto, 
en la periferia. 
En la unión diafisoepifisaria (metáfisis), persiste como una lámina cartilaginosa hasta el final del crecimiento. Este cartílago epifisario proporciona 
a la diáfisis los elementos necesarios para la osificación encondral. El periostio diafisario tiene una acción importante en el crecimiento, canalizando 
al hueso encondral, asegurando los procesos de formación y destrucción que ocurren en las epífisis. A causa de las funciones que desempeña 
durante el crecimiento, la metáfisis es un punto débil, sensible y delicado del hueso. 
En un hueso corto, la osificación y el crecimiento son comparables a los de una epífisis. Predomina la osificación 
encondral, y el tejido óseo evoluciona hacia el esponjoso, formándose grandes lagunas en el hueso encondral. 
Osificación y crecimiento de un hueso de membrana 
Este proceso se observa en los huesos del cráneo y de la cara. Sobre un modelo conjuntivo membranoso se forman trabéculas directrices de la 
osificación que parten de la cara profunda del periostio. Los fenómenos generales son semejantes a los descritos para los huesos precedentes. 
Las porciones que facilitan el crecimiento se encuentran en la periferia del hueso: placas fibrosas que se mantienen durante el crecimiento, 
formando en el cráneo los espacios fontanelares. 
Morfogénesis ósea. El hueso vivo 
El hueso crece en longitud y en espesor, y con los años adquiere su forma definitiva. Ésta depende de la incidencia de una serie de factores, unos 
hereditarios o genéticos y otros puramente locales. Además, el tejido óseo vivo es muy maleable. 
Durante el crecimiento se produce una serie de renovaciones de las capas óseas, especialmente en el hueso perióstico que denota las reacciones a 
los esfuerzos o las tracciones a las que está sometido. De este modo se originan los canales, por los que transitan elementos vasculares o nerviosos,así como las salientes óseas y las irregularidades, expresiones de inserciones musculares. Estas influencias extremas repercuten en la arquitectura 
del hueso. Cuando el tejido óseo compacto se espesa por la acción de una presión o tracción importante, el tejido óseo esponjoso orienta sus 
trabéculas en el sentido de la presión que soporta. En los huesos sometidos a esfuerzos complejos (cuello del fémur, astrágalo, calcáneo), la 
orientación de las trabéculas depende de la transmisión de las fuerzas, y se adapta a las funciones propias de la estática y de la locomoción. 
El crecimiento no detiene las modificaciones de la forma del hueso vivo. El hueso es asiento de constantes transformaciones. Los fenómenos de 
destrucción y formación ósea ocurren durante toda la vida y tienden a equilibrarse en el adulto. En la vejez predominan los procesos de 
destrucción. El tejido óseo se enrarece y el esqueleto se vuelve más frágil. Así, el esqueleto vivo funciona como un verdadero órgano, ricamente 
vascularizado, en el que se producen modificaciones fisicoquímicas de enorme repercusión y estrechamente relacionadas con la nutrición. 
Aspectos particulares de la actividad de los huesos 
Función de la alimentación: la alimentación proporciona los elementos necesarios para la osificación. Las carencias alimentarias proteicas o 
cálcicas se manifiestan, sobre todo en el niño en el desarrollo del esqueleto. 
Función de las hormonas: las glándulas de secreción interna que producen hormonas del crecimiento repercuten, unas sobre la utilización de las 
sales minerales (las paratiroides), y otras sobre los procesos generales del crecimiento óseo (la hipófisis, la tiroides y las glándulas genitales). 
Función de la reparación ósea: un hueso fracturado, destruido o extirpado puede consolidarse o reconstruirse por un proceso de osteogénesis local 
que se traduce por un "callo" de consolidación de fractura o por la aparición de una pieza ósea, siempre que las condiciones para la osificación sean 
propicias. Sobre estos fenómenos asienta el concepto de los injertos óseos para corregir la pérdida de sustancia o reemplazar un segmento óseo. 
Osteólisis: cuando predomina el proceso de destrucción ósea se produce una rarefacción: la osteoporosis. En las radiografías, el hueso aparece 
transparente y presenta una fragilidad particular frente a los traumatismos. 
EXPLORACIÓN DEL ESQUELETO EN EL SER VIVO 
Examen clínico: algunos de los huesos son superficiales y se los percibe con facilidad debajo de los tegumentos. 
En la mayor parte de los casos se ven algunas salientes superficiales (p. ej. apófisis espinosas vertebrales) que constituyen referencias precisas en la anatomía de su superficie. Los huesos 
contribuyen a dar la forma a la región que ocupan, y toda alteración esquelética la modifica. La semiología de las fracturas, por ejemplo, tiene en cuenta las alteraciones de la forma. 
Radiología: descubierta por Roentgen en 1896, revolucionó la exploración del esqueleto en el ser vivo "fotografiándolo" a través de las partes blandas. A la radiografía simple, bajo 
incidencias diversas, se puede agregar la tomografía, que puede "cortar" una pieza o un conjunto óseo en numerosos planos (coronales, oblicuos, transversales). Por último, la arteriografía 
puede precisar ciertas alteraciones patológicas del tejido óseo (tumores malignos). Centellografía: permite la exploración del esqueleto en su totalidad. Moléculas de pirofosfato de calcio 
marcadas con tecnecio-99m objetivan las actividades metabólicas del calcio en el tejido óseo. Se le reconoce a este método un gran valor en la investigación de localizaciones múltiples (y 
ocultas) de las neoplasias óseas malignas (mielomas, metástasis). 
Consejo Mágico N°1 - Recordá que la clave del éxito es esforzarte 10 veces y razonar cien!!! Apagá la Tele y la Compu!!! 
 
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Fig. 1-2. 
Las tres formas de los huesos. A. Hueso largo (húmero, vista anterior) 
B. Hueso plano (escápula, vista posterior). C. Hueso corto (calcáneo, 
vista lateral). 
 
 
 
 
Fig. 1-3. 
Corte longitudinal de un hueso largo (tibia). 
 
 
 
 
 
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Fig. 1-7. 
Dirección de las arterias nutricias de las diáfisis de los huesos 
largos. A. Miembro superior. B. Miembro inferior. Las arterias 
nutricias "se dirigen hacia el codo" y "se alejan de la rodilla". 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vascularización e inervación de un hueso largo. La epífisis es 
irrigada por la arteria epifisaria y la diáfisis, metáfisis y médula 
ósea de los huesos largos, sobre todo por la gran arteria (o 
arterias) nutricia. Las arterias metafisaria y epifisaria perforan el 
hueso compacto y nutren el hueso esponjoso y la médula de los 
extremos óseos. Las ramas de las arterias periósticas irrigan el 
periostio. El periostio contiene muchos nervios sensitivos, los 
nervios periósticos. El hueso compacto se compone, en su mayor 
parte, de sistemas canaliculares haversianos (osteonas). El canal 
de Havers del sistema aloja uno o dos vasos sanguíneos para 
alimentar los osteoci-tos (células óseas). 
Formación de los centros de osificación primarios y 
secundarios. 
 
El crecimiento longitudinal tiene lugar a ambos lados de los 
cartílagos de crecimiento epifisarios (flechas). Para que el 
crecimiento prosiga, el hueso que se forma a partir del centro 
primarlo de la diáfisis no debe unirse al de los centros 
secundarios de las epífisis hasta que alcance el tamaño del 
adulto.

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